Por un lado, sabĂa que era algo divertido para ellos, una fiesta llena de ilusiĂłn. Pero por otro, me daba pereza: otra fiesta más en la que iban a tener más dulces de los que sabĂan gestionar.
Estaban como locos por llenar su calabaza de plástico, y cuando llegamos a casa yo solo veĂa dos peques abriendo paquetes sin sentido, probando una piruleta, dejándola en la mesa, cogiendo una gominola, y otra…, y yo mirando el panorama con un nudo en el estĂłmago.
Porque sé que no está bien restringir el dulce. Pero ¿de verdad es necesario que lo más importante de Halloween sea ponerse de dulces hasta arriba?
Asà que este Halloween lo voy a hacer diferente y te acompaño para que tú también lo hagas.
El 30 de octubre ya tendremos un plan para todos esos caramelos: cuáles vamos a comer, qué hacer con los que no y cómo comerlos de forma consciente, sin abrir caramelos como locos.
Porque este año no quiero encontrar más papeles de gominolas en su habitación.
Quiero que disfruten de la fiesta y que se relacionen con el dulce desde un lugar de calma, y que además esto continúe el resto del año.